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Nietzsche y el primer antisistema | el pensar de Nietzsche como ejercicio cínico (Ex Nihilo-Distribuidora)

 

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«A Nietzsche, Diógenes y el cinismo le seducen. Diógenes se transforma en un telón de fondo del pensamiento de Nietzsche. Un telón de fondo que no remite a ideas o conceptos sino a cierto talante, actitud, ethos, principalmente a la filosofía como experimento de sí mismo. En Nietzsche, lo que hemos denominado “retórica del cuerpo” se expondría en aquello que este texto intentará desarrollar: un cuerpo enfermo que es capaz de subvertir y transvalorar (es su intento), la decadente modernidad o la polis moderna, la moneda en curso. Todo el presente texto tiene, insistimos, el guiño respecto a dicha retórica. Es por ello que este texto más que un estudio de Diógenes y Nietzsche, es el descubrimiento del pensar de Nietzsche como ejercicio cínico, perruno, irónico, precisamente en aquello que indicábamos: la invención retórica de sí mismo, el estilo, y el cuerpo como asunto del pensar. La crítica que Nietzsche realiza a la moral y que ilumina toda su escritura. La moral sería veneno contra la vida, precisamente en la medida que se presenta como remedio, como curación de la enfermedad de vivir. En este caso es Nietzsche quien presenta el problema desde una transvaloración: es la moral la que ha transvalorado, invertido, se ha vuelto contranaturaleza, por odio a la vida, ha puesto la sanidad y la salud en otra parte y lugar, en un topos sin topos, esto es la enfermedad del idealismo y la moral. Para Nietzsche, por el contrario, la enfermedad no es un castigo, una deuda impagable, sino, precisamente, como aquel motor necesario para vivir. Así, no hay remedio, no hay curación, sino permanente lucha, permanente superación, convirtiendo a la filosofía en experimento, donde la escritura pone de manifiesto dicho experimento que intenta superar aquello que somos, aquello enfermo en nosotros».

NIETZSCHE Y EL PRIMER ANTISISTEMA EL PENSAR DE NIETZSCHE COMO EJERCICIO CÍNICO VÍCTOR BERRÍOS Universidad Metropolitana

http://contramadriz.espivblogs.net/files/2016/03/nietzscheyelprimerantisistema.pdf

 

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La Escuela Cínica. Diógenes El Perro

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Diógenes de Sínope (en griego Διογένης o Σινωπεύς Diogenes o Sinopeus), también llamado Diógenes el Cínico, fue un filósofo griego perteneciente a la escuela cínica. Nació en Sínope, una colonia jonia del mar Negro,1 hacia el 412 a. C. y murió en Corinto en el 323 a. C.2 No legó a la posteridad ningún escrito; la fuente más completa de la que se dispone acerca de su vida es la extensa sección que su homónimo Diógenes Laercio le dedicó en su Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres.
Diógenes de Sínope fue exiliado de su ciudad natal y se trasladó a Atenas, donde se convirtió en un discípulo de Antístenes, el más antiguo pupilo de Sócrates. Diógenes vivió como un vagabundo en las calles de Atenas, convirtiendo la pobreza extrema en una virtud. Se dice que vivía en una tinaja, en lugar de una casa, y que de día caminaba por las calles con una lámpara encendida diciendo que “buscaba hombres” (honestos). Sus únicas pertenencias eran: un manto, un zurrón, un báculo y un cuenco (hasta que un día vio que un niño bebía el agua que recogía con sus manos y se desprendió de él). Ocasionalmente estuvo en Corinto donde continuó con la idea cínica de autosuficiencia: una vida natural e independiente a los lujos de la sociedad. Según él, la virtud es el soberano bien. Los honores y las riquezas son falsos bienes que hay que despreciar. El principio de su filosofía consiste en denunciar por todas partes lo convencional y oponer a ello su naturaleza. El sabio debe tender a liberarse de sus deseos y reducir al mínimo sus necesidades.

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Hiparquía de Maronea

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Hiparquía de Maronea, fue la primera feminista de la historia (Tracia, siglo iv a.c). Fue una perra, el único miembro femenino de la Secta del Perro y la escuela de los cínicos griegos, discípula de Diógenes de Sínope, compañera sentimental de Crates y la única mujer a la que Diógenes Laercio dedica un capítulo (séptimo del libro sexto).

La filósofa críticaba y cuestionaba la asignación de roles sociales en base al género y el patriarcado. Rechazó la cultura oficial de Atenas, que  excluía a la mujer del “ágora” y quedaba  relegada al ámbito de la “oikonomía”. Su participación en la vida pública y su interés por la filosofía desafiaban a la sociedad ateniense, una sociedad patriarcal, machista y misogína.

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